La precisión como homenaje
Cuando un libro de historia dice que alguien estuvo en un lugar durante "33 años, 7 meses y 25 días", esa precisión es un tipo de reconocimiento. No es un dato administrativo: es una manera de decir que cada uno de esos días importó.
Doña Mencía Navarro llegó a Estepona el 1 de marzo de 1917. Enseñó hasta 1950. La Crónica Contemporánea de Estepona registra la fecha con esa exactitud, lo que habla de que alguien quiso que quedara constancia no solo de los años sino de la totalidad del tiempo que dedicó a esta ciudad.
Copiar los libros para poder estudiar
Hija de campesinos, Mencía Navarro fue la única de sus ocho hermanos que tuvo acceso a la educación. No fue fácil: no podía comprar los libros, así que los copiaba a mano —a la luz de un candil, dice la Crónica— para poder estudiar con el mismo material que sus compañeras que sí podían pagarlos.
Ese origen no la hizo modesta. La convirtió en una de las maestras más respetadas del municipio. Su presencia en Estepona duró lo que duran pocas cosas: más de tres décadas, con nombre propio en la memoria de la ciudad.
Nota editorial: Verificación pendiente: datos exactos sobre las condiciones de su ejercicio y el nombre de la escuela donde trabajó.
Fuente
Crónica Contemporánea de Estepona, 1986