Una villa descubierta dos veces
La Villa Romana de las Torres se encuentra junto a la Torre de Guadalmansa, en la costa este del término municipal de Estepona, muy cerca de El Torreón, el asentamiento fenicio-púnico de la misma zona. Es un yacimiento distinto de aquel, de una época y una función diferentes.
Se excavó por primera vez en 1915-1916, bajo la dirección de José Martínez Oppelt, y se retomó en 1929 con una segunda campaña dirigida por José Pérez de Barradas. Según el propio decreto de declaración de Bien de Interés Cultural, ya la primera campaña de 1915 sacó a la luz restos de mosaicos, monedas, objetos metálicos, fragmentos de escultura y materiales cerámicos que demostraban un asentamiento de época romana; el área excavada se abandonó después, hasta que Pérez de Barradas reanudó los trabajos en 1929. Entre ambas campañas se documentaron en total unas 18 edificaciones, tres de ellas con depósitos de agua subterráneos, cinco mosaicos geométricos y columnas de mármol, además de monedas —desde la época del emperador Vespasiano (69-79) hasta la de Maximino (235-238)— y un busto de bronce identificado con el emperador Gordiano II, del año 238.
¿Termas o fábrica de salsa de pescado?
Los dos excavadores no coincidieron en lo que habían encontrado. Martínez Oppelt interpretó el conjunto, con sus mosaicos y sus piletas, como unas termas romanas: un edificio de baños públicos o privados. Pérez de Barradas, en cambio, concluyó que la riqueza del yacimiento procedía de la fabricación de garum, la salsa de pescado fermentado más apreciada del mundo romano, un producto que se exportaba en ánforas por todo el Mediterráneo.
Ninguna de las dos lecturas es incompatible con la otra: una villa romana acomodada podía combinar baños privados con una actividad productiva vinculada al mar, algo habitual en el litoral bético. El propio decreto de 1996 que declara el yacimiento Bien de Interés Cultural, al resumir los resultados de la campaña de 1929, describe ya el conjunto como «una villa romana y fábrica de salazón» —sin plantearlo como una disyuntiva entre las dos lecturas— y data su construcción entre finales del siglo II e inicios del siglo III d. C. Este artículo recoge las dos interpretaciones tal como las dejaron por escrito sus propios excavadores, sin elegir entre ellas.
Lo que confirmó la arqueología académica en 2001
Antes de esa campaña académica, unos sondeos realizados en 1990 ya habían confirmado —según recoge el propio decreto de declaración BIC— que, tras su abandono, la zona se utilizó después como necrópolis.
Casi un siglo después de las primeras excavaciones, una campaña dirigida por la arqueóloga Ana Arancibia Román, encargada por la Junta de Andalucía, combinó una prospección geofísica con una cata en el terreno. El informe, publicado en el repositorio académico TABULA, confirmó una ocupación continuada de la zona entre los siglos I y V d. C. —un marco más amplio que la datación de la construcción de la villa (finales del siglo II - inicios del siglo III d. C.) que da el decreto de 1996, y compatible con ella si se entiende como el conjunto de fases de uso del lugar, no solo el edificio excavado en 1915-1929—.
El propio informe advierte de que lo excavado hasta la fecha es solo una pequeña parte de la villa: la mayor parte del yacimiento sigue bajo tierra, sin estudiar.
Nota editorial: La Villa Romana de las Torres está protegida como Bien de Interés Cultural desde el Decreto 122/1996, modificado por el Decreto 181/1999 (BOE-A-1999-23246). Hoy existe un centro de interpretación junto al paseo marítimo, frente al yacimiento.
Fuente
Andalucia.com — Estepona / Junta de Andalucía (TABULA, Ana Arancibia Román, campaña de 2001) / Decreto 122/1996, de 2 de abril (BOE-A-1996-20102)