Historia de Estepona

Lo que no aparece en las guías.

Nombres de calle con historia. Personas que hicieron la ciudad. Episodios que las guías omiten porque no encajan en el folleto.

Personas de Estepona

Las personas detrás de los nombres.

Maestras, parteras, médicos, alcaldes y marineros. La historia de una ciudad son las personas que la hicieron.

Personas de Estepona

Pedro Manrique y el paseo que lleva su nombre

Pedro Manrique era el único esteponero documentado entre los cuarenta y nueve que murieron junto al general Torrijos el 11 de diciembre de 1831, fusilados por defender la constitución liberal. La noche antes de morir escribió una carta de despedida. El Paseo Marítimo de Estepona lleva su nombre.

Personas de Estepona

Juana Luna, la madrona en Vespa

Juana Luna era matrona en Estepona cuando las mujeres motorizadas eran una excepción. Su estatua en el Parque del Calvario la recuerda con la Vespa. Una figura que condensa en una imagen una época entera.

Personas de Estepona

Doña Mencía Navarro: 33 años, 7 meses y 25 días

Doña Mencía Navarro fue maestra en Estepona durante 33 años, 7 meses y 25 días. Hija de campesinos, copió los libros de otras compañeras para poder estudiar. La precisión de la fecha documenta el peso de su presencia.

Personas de Estepona

El médico que curó Estepona y acabó en Argel

El Licenciado Murillo fue un médico del siglo XVII que curó epidemias en Estepona y Marbella, fue capturado por piratas berberiscos y pasó 13 años preso en Argel, donde siguió ejerciendo la medicina durante tres epidemias. La calle Murillo del casco histórico lleva su nombre.

Personas de Estepona

Tres médicos y un siglo en la Calle Caridad

Desde 1897, la consulta de la familia Mena Arce en Calle Caridad 125 ha visto pasar, según InfoEstepona, 'más de cuatro generaciones de esteponeros'. La propia entrevista documenta tres médicos de la saga, no cuatro: el abuelo que la abrió, Antonio y su hijo Francisco.

Personas de Estepona

El alcalde que transformó Estepona — y a qué precio

Ángel Farinós fue el alcalde de la gran transformación urbana de Estepona en los años 60. La Crónica que documenta sus logros también señala los errores. El cronista era el teniente de alcalde que trabajó con él.

Episodios

Historias que merecen contarse.

Siglo XX

"Se perdió el Paseo del Carmen donde tantas vueltas daban"

El 'Canto a Estepona' de Juan Usero Fernández, escrito desde Venezuela, es uno de los documentos más emotivos de la memoria local: la voz del emigrante que recuerda el pueblo que ya no existe.

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Siglo XX

El barco que nunca llegó a navegar

Una cooperativa de agricultores fue saboteada el día de su primer botamiento. Las cuerdas del barco aparecieron rotas. Siguieron intentándolo. Una historia de resistencia colectiva con final desconocido.

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Siglo XVI – XVII

Siete torres, una costa en alerta permanente

El litoral de Estepona estuvo defendido desde el siglo XVI por un sistema de siete torres almenaras que avisaban de los ataques berberiscos. Hoy siguen en pie, distribuidas a lo largo de los 21 kilómetros de costa, y son uno de los patrimonios más singulares de la zona.

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Siglo XVI

El corsario que durmió en el castillo antes de atacarlo

En 1545, el corsario berberisco Alí Hamet, 'Aliamate', atacó Estepona dos veces, cinco años después de haber pasado una noche preso en su castillo camino de un canje de prisioneros. La segunda vez, una emboscada tendida por la caballería de Marbella en la Celada Vieja acabó con setenta turcos muertos.

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1940–1980

El festival flamenco con Enrique Morente y la Semana de Cine con cinco países

El 12 de abril de 1975, Estepona celebró el III Gran Festival de Cante Grande con Enrique Morente, Manuel Gerena y Parrilla de Jerez. En 1977, la I Semana Internacional de Cine Didáctico reunió representantes de cinco países. Dos episodios que revelan un pueblo con vida cultural propia.

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Siglo IX – X

El castillo que nadie sabe que existe

El Castillo el Nicio es una fortaleza árabe del siglo IX situada en el Padrón Alto de Estepona, a 340 metros de altitud y a siete kilómetros del centro. Jugó un papel activo en la rebelión de Omar ben Hafsum y fue conquistado definitivamente en 923 d.C. Sigue siendo uno de los lugares más desconocidos de la provincia.

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Siglo XX

La Cofradía que votaba, competía y organizaba la ciudad

La Cofradía de Pescadores de Estepona fue durante décadas mucho más que un sindicato del mar: participó en debates municipales, organizó torneos deportivos y fue uno de los actores civiles más activos de la ciudad hasta que el turismo cambió la estructura económica local.

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1973–1976

El muro que los vecinos derribaron

En 1973, el Ayuntamiento permutó un solar municipal al fondo de la Calle Caridad por terreno privado. El resultado fue un muro que bloqueaba el paso. Los vecinos lo bautizaron 'el muro de la vergüenza'. La propia corporación votó que la permuta era lesiva. El muro cayó en enero de 1976, con el regocijo de la población.

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Siglo XVIII – XX

Cuando Estepona miraba al mar

Antes del turismo, Estepona vivía del mar. En 1752 había 124 pescadores. La Cofradía de Pescadores era uno de los dos actores que sostenían la economía local. En 1957 llegó el Club Náutico; en 1979, el Puerto Deportivo con 613 embarcaciones. El Paseo del Carmen fue demolido para construir el Marítimo.

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Siglo IX – XVII

Castillos y torres: una costa siempre vigilada

Estepona tuvo durante siglos un sistema defensivo de dos castillos y siete torres costeras. El Castillo el Nicio, de origen árabe del siglo IX, dominaba el interior desde el Padrón Alto. El Castillo de San Luis, del siglo XVI, estaba en el propio núcleo urbano. Las siete torres almenaras vigilaban los 21 kilómetros de litoral. Tres capas de defensa sobre el mismo territorio.

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Siglo XIV – XX

Las calles que guardan memoria

El casco histórico de Estepona conserva memoria en sus plazas, calles, casas y edificios religiosos. La Plaza de las Flores tuvo al menos seis nombres distintos según el poder político de cada época. Un aljibe de origen musulmán sigue intacto bajo la Casa del Aljibe. La Iglesia de los Remedios ocupa, según la crónica local de Sánchez Bracho, el solar de un pinar de 1400. La Calle Murillo nombra a un médico cautivo en Argel durante trece años.

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Edad del Bronce

El cementerio de hace 5.000 años que apareció al construir una autopista

La Necrópolis de Corominas es un yacimiento megalítico de las fases finales del Neolítico y el Calcolítico hallado entre 2000 y 2001 durante los trabajos previos a la Autopista de Peaje de la Costa del Sol y excavado entre 2001 y 2002. Contiene cinco sepulcros megalíticos bien conservados, de hace unos 5.000 años, y varios enterramientos de época campaniforme ya de los inicios de la Edad del Bronce. Al no poder desviarse el trazado de la autopista, los sepulcros se desmontaron y se reconstruyeron en un centro de interpretación construido bajo un túmulo, en el Parque San Isidro Labrador, donde hoy se visitan con reserva previa.

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Siglo IV – VI d. C.

La torre romana que nadie ha resuelto si fue tumba o vigía

En el casco histórico de Estepona, en Calle Villa, se conserva el arranque de una torre octogonal romana del siglo IV d. C. que pudo alcanzar al menos 12 metros de altura. Se abandonó dos siglos después y sus materiales fueron expoliados en distintos momentos, en parte por la construcción de la muralla musulmana y, ya en el siglo XX, por una fuente decorativa. Su función no está resuelta: pudo ser un mausoleo funerario o un thynnoskopeion, una torre de vigilancia de la pesca del atún.

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Prehistoria

La figura de barro de 5 centímetros que el Ayuntamiento declaró símbolo de la ciudad

La Venus de Estepona es una figurilla de barro cocido de unos 5 centímetros, con forma femenina esquemática, hallada en agosto de 2011 en un yacimiento prehistórico de «campos de hoyos» del término municipal, junto a vasijas cerámicas, puntas de flecha de sílex, hachas pulimentadas, cuentas de collar y otros ídolos de piedra. Tiene más de 5.000 años de antigüedad y es, según el Ayuntamiento, la única pieza de estas características hallada en excavaciones de la provincia de Málaga. Se interpreta como un amuleto o símbolo de fecundidad ligado a los rituales de la época. Se expone en el Museo Arqueológico Municipal de Estepona; el Ayuntamiento inició en 2014 los trámites para declararla símbolo oficial de la ciudad, un proceso que la Junta de Andalucía autorizó definitivamente a principios de 2015.

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Siglo XII – XV

La ciudad que apareció bajo la Plaza de las Flores

Istibuna es el nombre de la medina islámica sobre la que se levanta el actual casco histórico de Estepona; el Museo Arqueológico municipal le dedica una sala propia. Entre 2013 y 2016, unas excavaciones urbanas en el entorno de la Plaza de las Flores descubrieron un arrabal andalusí desconocido hasta entonces, con viviendas y dos instalaciones artesanales: una tenería de curtido de cuero, del periodo almohade (siglos XII-XIII), y un horno cerámico, del periodo nazarí (siglos XIII-XV). El hallazgo se publicó en 2020, firmado por un equipo de cinco arqueólogos. Según el propio museo, la ciudad andalusí vivió su momento de mayor esplendor a partir del siglo XII. La presencia andalusí terminó en 1456, cuando la plaza pasó a manos de Castilla.

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Paleolítico

Las herramientas de piedra de hace más de 128.000 años que cambian el mapa de Estepona

En Las Mesas de Saladavieja, en el término municipal de Estepona, una intervención arqueológica obligada por el planeamiento urbanístico —previa a una obra en una zona con constancia de restos— sacó a la luz varios centenares de piezas líticas de más de 128.000 años de antigüedad, del Paleolítico Inferior. Son herramientas de piedra, sobre todo cantos rodados de arenisca y en menor medida caliza y sílex, usadas para cortar, trabajar pieles, golpear o extraer grasa de animales. Según los arqueólogos que firmaron el hallazgo, es el primer yacimiento de estas características excavado en la Costa del Sol Occidental. La intervención, autorizada por la Junta de Andalucía y dirigida por la arqueóloga Cibeles Fernández (empresa Arqueotectura), incluyó el estudio lítico del prehistoriador Luis Pérez Ramos, especialista en Paleolítico andaluz. El equipo publicó los resultados en 2021 en la revista académica Mainake, ampliando la cronología del yacimiento también al Paleolítico Medio (musteriense). Las piezas forman hoy parte de los fondos del Museo Arqueológico Municipal de Estepona, en un espacio dedicado al Paleolítico.

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Fenicios

El asentamiento fenicio que exportaba salsa de pescado a Atenas

El Torreón es un asentamiento fenicio-púnico situado en un promontorio de la margen derecha de la desembocadura del río Guadalmansa, en el término municipal de Estepona. Según el Ayuntamiento, se fundó a partir del siglo VI a. C. y se dedicó a la producción de salazones y salsas de pescado —algunas ánforas llegaron a exportarse hasta Atenas—, además de agricultura, ganadería y minas de hierro y, especialmente, cobre en la cabecera del propio río Guadalmansa. El asentamiento siguió habitado durante las primeras etapas de la presencia romana; según Andalucia.com, la ocupación se prolongó unos ochocientos años, hasta aproximadamente el 200 d. C. Algunas fuentes académicas lo identifican con Salduba, una ciudad citada en fuentes clásicas, aunque esa identificación es una hipótesis discutida desde finales del siglo XIX, no un hecho cerrado. Las colecciones del Museo Municipal que proceden de aquí se reunieron sobre todo en la excavación arqueológica de Luis Soto en 1974. El Torreón es un yacimiento distinto de la Villa Romana de las Torres, el complejo termal romano declarado Bien de Interés Cultural que se encuentra junto a la Torre de Guadalmansa, en la misma zona.

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Siglo I – V d. C.

La villa romana que dos excavadores interpretaron de dos formas distintas

La Villa Romana de las Torres es un yacimiento arqueológico situado junto a la Torre de Guadalmansa, en la costa este del término municipal de Estepona. Se excavó por primera vez en 1915-1916, bajo la dirección de José Martínez Oppelt, y de nuevo en 1929, dirigida por José Pérez de Barradas. Entre las dos campañas se documentaron unas 18 edificaciones y cinco mosaicos geométricos, además de columnas de mármol, monedas —de la época del emperador Vespasiano (69-79) a la de Maximino (235-238)— y un busto de bronce identificado con Gordiano II (238). Martínez Oppelt interpretó el conjunto como unas termas romanas; Pérez de Barradas concluyó que su riqueza procedía de la fabricación de garum, la salsa de pescado más apreciada del mundo romano. El propio decreto de declaración de Bien de Interés Cultural, al resumir los resultados de 1929, describe el conjunto como «una villa romana y fábrica de salazón» y data su construcción entre finales del siglo II e inicios del siglo III d. C.; el mismo decreto recoge que unos sondeos de 1990 confirmaron que, tras su abandono, la zona se usó después como necrópolis. En 2001, una campaña académica dirigida por Ana Arancibia Román para la Junta de Andalucía —con prospección geofísica y una cata— confirmó una ocupación continuada de la zona entre los siglos I y V d. C., y advirtió de que solo se ha excavado una pequeña parte del yacimiento. Está protegida como Bien de Interés Cultural desde el Decreto 122/1996, modificado por el 181/1999 (BOE-A-1999-23246). Es un yacimiento distinto de El Torreón, el asentamiento fenicio-púnico situado en el mismo entorno de Guadalmansa.

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Siglo XV

1456: el año en que Istibuna dejó de ser andalusí

En 1456, en el marco de la frontera final del reino nazarí de Granada, el rey Enrique IV de Castilla llevó a cabo la ocupación definitiva de Istibuna —la medina andalusí sobre la que se levanta hoy el casco histórico de Estepona—, tras «diversas vicisitudes» a lo largo del periodo bajomedieval. Según las crónicas de la época, estudiadas por la historiadora Adelina Romero Martínez (Universidad de Granada), no fue un asalto militar: un incidente fronterizo entre musulmanes y cristianos hizo que el rey enviara a dos nobles a reprimirlo; estos prendieron fuego a la zona y, al ver el humo, los habitantes musulmanes abandonaron la villa con sus pertenencias. El rey se instaló días después en una plaza vacía. Un año más tarde, en 1457, formalizó mediante un privilegio rodado —inserto en las Actas Capitulares de Jerez de la Frontera— la concesión de la villa a don Juan Pacheco, Marqués de Villena, que la había solicitado para sí. La narrativa turística que atribuye la conquista a un impago de impuestos no tiene respaldo en ninguna fuente académica: el propio relato de las crónicas la contradice. Parte de la narrativa que sí circula tiene respaldo académico independiente: la villa fue destruida tras la conquista para que no pudiera ser retomada por los musulmanes, y no se repobló hasta mayo de 1502, con 30 vecinos —lo documenta el estudio de Navarro Luengo, Suárez Bedmar y Martín Parrado sobre el Castillo de San Luis (FORTMED 2020)—.

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Prehistoria

El nombre de Estepona es más antiguo que el árabe en el que se escribió por primera vez

Según Toponomasticon Hispaniae, un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación con participación de varias universidades españolas, el topónimo de Estepona no nace en árabe: procede de una raíz prerromana, *Istippona, cuyo significado se desconoce. El lingüista José A. Correa, citado por el proyecto, reconstruye la forma original como *Istippo / Istipponis, emparentada con otros topónimos de la zona —Acinippo, Baecippo, Baesippo, Ventippo— que comparten los mismos segmentos [ist-] e [-ipp]. Correa considera que nada respalda un origen fenicio-púnico y apunta, en cambio, a un origen tartesio-turdetano, dentro del mismo grupo de topónimos en [-ipp]. La forma escrita más antigua que se conserva de este nombre es, sin embargo, la arabizada: no hay ningún texto anterior al periodo islámico que lo recoja. De ahí en adelante, el nombre pasa a las crónicas castellanas —la más antigua verificada, la Crónica de Enrique IV de Diego Enríquez del Castillo, ya la escribe «villa de Estepona»— hasta llegar a la forma actual.

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Siglo I – II d. C.

El edificio romano que se vino abajo por el terreno, no por un ataque

En 2023, una excavación arqueológica en extensión en Las Mesas de Saladavieja —la misma zona donde en 2021 se habían documentado las herramientas de piedra del Paleolítico más antiguas conocidas en Estepona— sacó a la luz los restos de un edificio rural romano de planta aproximadamente cuadrada, de unos 14 por 14 metros, construido en la segunda mitad del siglo I d. C. Sus muros, de mampostería con algunos sillarejos de arenisca trabados con barro, se organizaban en cuatro ámbitos interiores. Fragmentos de una piedra de molino rotatoria y una veintena de pondera apuntan a un uso ligado al procesado de productos agropecuarios. El edificio tuvo una vida corta: se arruinó a finales del siglo I o inicios del siglo II d. C., sin señales de incendio ni destrucción violenta, porque parte de su cimentación descansaba sobre margas arcillosas expansivas que cedieron con los cambios de humedad estacionales. Tras el abandono, sus materiales fueron expoliados hasta los propios cimientos. La datación se apoya en cerámica de mesa —terra sigillata hispánica y sudgálica— hallada en los niveles de amortización. La excavación, dirigida por el equipo de la empresa Arqueotectura (César Augusto León Martín, José María Tomassetti Guerra y Cibeles Fernández Gallego) y autorizada por la Junta de Andalucía, permitió además extraer un alquerque —un tablero de juego antiguo tallado en la roca— hoy trasladado al Museo Arqueológico de Estepona para su conservación.

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Sin datar con precisión

Cuatro cañones y una bola, sin naufragio al que atribuirlos

Los Cañones del Saladillo son un yacimiento arqueológico subacuático situado frente a la playa de El Saladillo, a la altura de Matas Verdes, en el término municipal de Estepona. Según el propio decreto que lo protege, está compuesto por dos agrupaciones de cañones: una primera, de tres piezas, localizada frente a Matas Verdes; y una segunda, formada por cuatro cañones de gran tamaño y una bola de munición. El decreto es explícito en un punto: «en principio no se corresponden con ningún naufragio, porque no se ha encontrado ningún material asociado» que permita vincularlos a un barco hundido conocido. El yacimiento fue inscrito como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Arqueológica, por el Decreto 285/2009, de 23 de junio, de la Junta de Andalucía —una disposición que protegió de golpe cincuenta y seis yacimientos subacuáticos de toda la costa andaluza—, publicado en el BOJA número 129 del 6 de julio de 2009. Ni el decreto ni el resto de fuentes oficiales consultadas dan una cronología precisa de los cañones.

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Siglo XIV

La batalla naval que se libró frente a las costas de Estepona en 1342

En 1342, en pleno desarrollo de la llamada batalla del Estrecho —la guerra naval entre Castilla y el sultanato benimerín de Marruecos por el control del paso de Gibraltar—, se libró frente a las costas de Estepona un combate naval que las crónicas de la época y la historiografía académica actual conocen como la batalla de Estepona. Según reconstruye el historiador Wenceslao Segura González a partir de la Crónica de Alfonso XI y de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita, el almirante aragonés Pedro de Moncada, al mando de veinte galeras que se dirigían al Estrecho para reforzar el bloqueo cristiano de Algeciras, se encontró a la altura de Estepona con trece galeras benimerines procedentes de Marruecos. En el combate, los musulmanes llevaron la peor parte: cuatro galeras fueron apresadas, dos embarrancaron cerca de la costa de Estepona y las siete restantes lograron escapar hacia Marruecos. Las galeras capturadas transportaban trigo destinado a abastecer Algeciras, entonces bajo dominio benimerín y a punto de sufrir el largo asedio cristiano que Alfonso XI iniciaría semanas después, el 2 de agosto de ese mismo año. La fecha exacta —fin de mayo de 1342, probablemente el día 31— se ha reconstruido cruzando el testimonio de Zurita con el de la propia Crónica real, que sitúa el combate cuatro días después de la victoria cristiana en Guadalmesí.

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