El mismo promontorio, dos hallazgos muy distantes en el tiempo
Las Mesas de Saladavieja, la zona en expansión junto al casco urbano de Estepona donde en 2021 apareció el yacimiento paleolítico más antiguo conocido en la ciudad, guardaba también un segundo horizonte de ocupación mucho más reciente. Aquel diagnóstico de 2021 ya había detectado, al norte del área estudiada, concentración de restos muebles e inmuebles de época romana altoimperial, delimitados en un polígono que coincidía con parte del viario proyectado del sector urbanístico SUP-R1.
En 2023, una excavación preventiva en extensión —autorizada por resolución del 9 de agosto de ese año e iniciada el 12 de septiembre— se centró en ese horizonte romano. Los trabajos, con seguimiento arqueológico y una decena de sondeos manuales, se dieron por terminados el 28 de diciembre de 2023, tras una visita de inspección.
Una casa de labranza de catorce por catorce metros
Lo que salió a la luz fue un edificio rural de planta aproximadamente cuadrada, de unos 14 por 14 metros, construido en la segunda mitad del siglo I d. C. sobre el afloramiento de arenisca y las margas del terreno. Sus cimientos, de entre 80 y 120 centímetros de anchura, combinaban mampostería y algunos sillarejos de arenisca, aparentemente trabados con barro. El estado de conservación —muros desplomados, erosionados y en parte expoliados— no permite precisar del todo la planta original, pero los arqueólogos distinguen cuatro ámbitos interiores: uno al norte, más elevado, que pudo funcionar como entrada; y tres más, al sur y al oeste, de los que el más pequeño pudo albergar el molino rotatorio del que se recuperaron varios fragmentos.
Junto a esos fragmentos de piedra de molino, apareció una veintena de pondera —pesas cerámicas— y algunos elementos metálicos. El conjunto apunta a un edificio vinculado al procesado de productos agropecuarios, no a una vivienda de recreo: una casa de labranza modesta, con vistas sobre la bahía de Estepona y Cala Sardina, cerca de la desembocadura del río Monterroso.
Por qué se cayó: el terreno, no un ataque
El edificio tuvo una vida corta. Según el informe, probablemente estaba ya en ruinas entre finales del siglo I d. C. y comienzos del siglo II. No se detectaron niveles de incendio ni de destrucción violenta, así que los arqueólogos interpretan un abandono pacífico, por otros motivos: parte de la cimentación descansaba sobre margas arcillosas con una expansividad estacional característica —se hinchan y se contraen según la humedad— que fue minando la estabilidad de los muros hasta provocar su colapso. Es la misma patología constructiva que, según el propio informe, ha llevado a la ruina edificaciones de todas las épocas.
Tras el abandono, el edificio quedó expuesto al expolio: sus materiales de construcción fueron retirados en distintos momentos, hasta alcanzar los propios cimientos, y se abrieron varias fosas —posiblemente para desmontar otros elementos de los que no ha quedado rastro.
Cómo se sabe la fecha: la cerámica de mesa
La datación se apoya en la cerámica recuperada en los niveles de amortización del edificio, sobre todo terra sigillata hispánica y sudgálica: una forma indeterminada de sigillata sudgálica marmorata (40-70/80 d. C.), fragmentos decorados de la forma Drag. 30 (40-110 d. C.), un fondo con sello «VIVI» de posible forma Drag. 18 (70/80-100/110 d. C.), un perfil completo de la variante Peñaflor de la forma Ritt. 8 (segunda mitad del siglo I d. C.) y un borde de terra sigillata clara A de la forma Lamboglia 10 (finales del siglo I o inicios del II d. C.). El conjunto sitúa la construcción y el abandono del edificio entre mediados del siglo I y comienzos del siglo II d. C.
Aparte del edificio, la excavación permitió extraer un alquerque —un tablero de juego antiguo tallado sobre la roca del afloramiento oriental— con maquinaria de corte de disco de diamante, con el asesoramiento del arqueólogo municipal Ildefonso Navarro Luengo y de la conservadora del Museo de Estepona, Carmen Pérez Hinojosa. La pieza, sin elementos propios de datación, se trasladó al museo para su conservación y restauración; los propios autores del informe la consideran probablemente sincrónica con la ocupación romana del lugar, al no haber evidencia de ninguna otra ocupación histórica distinta en el yacimiento.
Nota editorial: El informe apunta, como hipótesis propia de sus autores y sin darla por cerrada, que la buena comunicación del yacimiento con la desembocadura del río Monterroso pudo vincularlo con el núcleo habitado —posiblemente una villa— que, con el tiempo, dio origen a la actual Estepona. Este artículo recoge esa idea como lo que es en la fuente: una hipótesis abierta, no un hecho establecido.
Fuente
C. A. León Martín, J. M. Tomassetti Guerra y C. Fernández Gallego (Arqueotectura), «Excavación en extensión de un edificio rural del siglo I d. C. en Las Mesas de Saladavieja, Estepona (Málaga)», Anuario Arqueológico de Andalucía 2023, Junta de Andalucía (TABULA)