Una batalla dentro de una guerra mayor
En 1340, la victoria cristiana en la batalla del Salado, cerca de Tarifa, no puso fin a la guerra entre Castilla y el sultanato benimerín de Marruecos por el control del estrecho de Gibraltar. Dos años después, en la primavera de 1342, la llamada batalla del Estrecho continuaba: las flotas de Castilla, Aragón, Portugal, Génova y Mallorca patrullaban esas aguas frente a la armada que el sultán benimerín Abú l-Hasan seguía siendo capaz de reunir.
El 27 de mayo de 1342, una gran victoria cristiana en la ensenada de Guadalmesí, cerca de Tarifa, dejó diezmada a la flota musulmana. Cuatro días después, frente a las costas de Estepona, se libró un segundo combate naval que las crónicas de la época y la historiografía académica actual conocen como la batalla de Estepona.
Veinte galeras aragonesas contra trece benimerines
Según reconstruye el historiador Wenceslao Segura González a partir de la Crónica de Alfonso XI y de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita, el almirante aragonés Pedro de Moncada —Pere de Montcada, en su grafía catalana— navegaba hacia el Estrecho al mando de veinte galeras de la Corona de Aragón, enviadas desde Valencia para reforzar el bloqueo cristiano sobre Algeciras, tal y como se había acordado en el Tratado de Madrid. A la altura de Estepona, se topó con trece galeras benimerines que venían de Marruecos.
El combate terminó en derrota musulmana: cuatro galeras fueron apresadas por los aragoneses, dos embarrancaron cerca de la costa de Estepona y las siete restantes lograron escapar. La Crónica de Alfonso XI sitúa su refugio en el puerto marroquí de Vedís; Zurita, por su parte, dice que llegaron al puerto de Vélez. Ninguna de las dos fuentes detalla bajas, ni por parte cristiana ni musulmana, en el propio combate.
El trigo que nunca llegó a Algeciras
El dato que enlaza este combate con el resto de la campaña es la carga de las galeras capturadas: iban cargadas de trigo, destinado a abastecer Algeciras, entonces todavía en poder benimerín. Cuando Alfonso XI llegó semanas después a Getares para inspeccionar personalmente el estado de su flota, sus informadores le confirmaron que la plaza de Algeciras estaba desabastecida —en parte, precisamente, por el trigo que Pedro de Moncada le había arrebatado a la altura de Estepona—. Esa debilidad fue uno de los factores que llevó al rey castellano a iniciar, el 2 de agosto de 1342, el asedio de Algeciras, uno de los más largos y decisivos de toda la Reconquista: se prolongaría hasta marzo de 1344.
Una fecha reconstruida, no un dato de archivo directo
Ninguna crónica medieval da una fecha exacta y única para este combate: hay que reconstruirla cruzando dos testimonios. Jerónimo Zurita sitúa la batalla de Estepona «en fin del mes de mayo» de 1342, es decir, en torno al día 31; la propia Crónica de Alfonso XI la sitúa, en cambio, cuatro días después de la victoria de Guadalmesí, que las mismas fuentes fechan el 27 de mayo —lo que apunta, de nuevo, al 31 de mayo—. Es la misma reconstrucción que hace el historiador Manuel López Fernández en un artículo dedicado en concreto a fechar con precisión estas tres batallas del Estrecho —Bullones, Guadalmesí y Estepona—, señal de que la datación exacta de este episodio ha sido, durante siglos, un problema historiográfico en sí mismo, no un dato disponible sin más.
Nota editorial: Algunas fuentes secundarias de divulgación naval sitúan el combate directamente el 27 de mayo, la misma fecha que Guadalmesí — una simplificación que no distingue entre ambas batallas. Este artículo sigue la reconstrucción de las dos fuentes académicas que analizan expresamente el problema de la fecha (Segura González, 2007; López Fernández, 2010).
Fuente
Wenceslao Segura González, «Batalla naval de Guadalmesí (año 1342)», Al Qantir: Monografías y Documentos sobre la Historia de Tarifa, n.º 4 (2007), pp. 34-36, citando la Crónica de Alfonso XI y Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón (ed. 1610) / Manuel López Fernández, «Aproximación a las fechas de las batallas navales de Bullones, Guadalmesí y Estepona», Aljaranda: revista de estudios tarifeños, n.º 76 (2010), pp. 31-38